A pesar de que siempre pensamos que la mejor analogía se da entre signos
que comparten un elemento o entre elementos afines
(Fuego y Aire, Tierra y Agua), en realidad dos personas con el Sol
en signos opuestos o disonantes presentan aspectos en común que les permiten establecer una relación afectiva, tanto personal como de amistad.
Geminis y Libra, ambos signos de Aire, se sentirán cómodos en su forma
de relacionarse. A ambos les encanta expresarse y discutir ideas y proyectos.
Virgo y Capricornio, de Tierra, son afines porque tienen un sentido práctico
en todo lo que hacen, por lo que fluirá una sensibilidad similar entre ellos.
En una relación afectiva, sin embargo, muchas veces no es la afinidad sino
la fricción (o diferencias) lo que hace funcionar las cosas.
Así será común encontrar una pareja Tauro-Sagitario o Geminis-Escorpio.
Estos ejemplos muestran signos que están a 150° de distancia y que son
tan distintos uno del otro, que no parece fácil encontrar puntos en común.
No comparten el elemento donde tienen al Sol ni tampoco el "modo":
cardinal, fijo o mutable, lo que significa que no reaccionan de igual modo (elemento)
ni se relacionan de igual manera (modo).
Sin embargo, las diferencias son muy intrigantes. Así como todo evoluciona,
también la astrología ha redefinido la compatibilidad para el siglo 21.
La afinidad no puede reducirse a ser igual al otro, más bien, ser afines puede
llevar a dos personas a terminar siendo excelentes amigos. Por el contrario,
son las diferencias las que mantienen el interés en la pareja y permite
el crecimiento emocional y espiritual de sus integrantes.
Así que, no saquemos conclusiones apresuradas en base al propio signo y
el de la persona que nos presentan. Seamos pacientes y tomemos un poco de
tiempo para conocer un poco más en profundidad a quien en principio creimos
"no compatible".
Cualquier consulta: victorialutteral@arnet.com.ar
Reiki Usui Tradicional, Terapia Floral, Astrología, Tarot,Yoga, Feng-Shui y asistencia holística a todo aquel que lo necesite. No duden en enviarme su consulta a: magicielle9@gmail.com
miércoles, 25 de febrero de 2009
sábado, 21 de febrero de 2009
Tener y no tener tiempo
Disfrutemos del hoy sin pensar en el pasado que ya no podemos cambiar y sin ansiedades por el futuro. El tiempo es una paradoja, totalmente subjetivo, que vivenciamos según el momento y las circunstancias.
Aqui hay un muy interesante artículo que lo analiza.
Gracias,
Victoria
Aunque la tecnología nos permite resolver cada vez con mayor rapidez cuestiones prácticas, vivimos, de un modo paradójico, agobiados por la sensación de que el tiempo de que disponemos nunca es suficiente para todo lo que quisiéramos o debiéramos hacer. Las cosas que poseemos "cuanto más valiosas, más demandantes" nos imponen cuidados y preocupaciones absorbentes; por otra parte, la oferta de nuevos bienes y la proliferación de estímulos hacen que corramos una carrera desesperada para adquirirlos y disfrutarlos. A ese ritmo enajenado, se nos va la vida luchando por la esclavitud como si lo hiciéramos por la libertad e ignorando qué es el tiempo que nos consume.
Por Diana Cohen Agrest
Para LA NACION
"Combatir al tiempo". "Correr una carrera contra el tiempo". "Ganarle al tiempo". Las ocupaciones se superponen haciendo del hombre un esclavo del tiempo. Éste configura nuestra vida privada y nuestros hábitos sociales, en particular en una cultura monocrónica que desde siempre estipuló un tiempo socialmente aceptable para levantarse, otro para almorzar y otro para ir de copas. Mientras tanto, el auto, el Blackberry, la tarjeta de crédito son bienes bifrontes: uno de sus rostros nos ahorra un tiempo incalculable en operaciones hoy incorporadas a la vida común. Pero hay otro rostro menos benéfico: esos bienes suelen ser conquistados a costa de cierta libertad, pues su gestión y administración obliga a invertir un esfuerzo que podría ser volcado en otras ocupaciones. Cada uno de esos trofeos lleva consigo el tiempo invertido en comprarlo o mantenerlo o asegurarlo. Y en esos actos exigidos por las cosas, que cuanto más valiosas se tornan más demandantes, se nos va el tiempo y la vida con él, luchando por la esclavitud, decía Spinoza, como si lucháramos por la libertad. Persiguiendo el "tener", como se suele decir, nos perdemos de ser. Porque, aunque cueste admitirlo, más tarde o más temprano, Cronos devora a sus hijos sin hacer excepciones ni atender a favoritismos: el presente es un pasaje hacia el pasado, y el futuro también lo será. Destino fatal de todo lo viviente, también es el nuestro.
No todos viven sometidos a las exigencias del tiempo. Quienes han quedado fuera de la cadena productiva –por vejez o, cada vez más, porque han sido excluidos de la economía de mercado– sobreviven aplastados bajo el peso de un tiempo abundante, innecesario e inútil, en el cual no tienen nada que hacer. Un tiempo en que "no pasa nada". Sus abuelos, en un mundo más misérrimo pero signado todavía por la esperanza, vivían sometidos al tiempo impersonal del ritmo fabril, marcando sus ingresos y salidas laborales. Los marginados de hoy, en cambio, sólo pueden matar el tiempo a la vez que éste los mata lentamente.
Vivimos agobiados por una sensación que, como una sombra, nos persigue: en una época en que contamos con dispositivos que nos ahorran un tiempo precioso, hoy, más que nunca, no podemos liberarnos de la sensación de la falta de tiempo.
El tiempo ha sido un problema desde el origen del pensamiento occidental, cuando Zenón de Elea (quien vivió en el siglo V antes de la era cristiana) barrió con el sentido común al sentenciar que el tiempo no existe, que es pura ilusión. Interesado en negar la realidad del devenir, pensaba que si el tiempo puede ser dividido en una sucesión infinita de momentos, entonces deberíamos conceder que es infinito. Pero este infinito es la negación misma del tiempo. Y desafiando al más incrédulo, Zenón invitaba a imaginar un corredor en un estadio, quien nunca arribaría a la meta: antes de pisar la línea de llegada debía alcanzar su mitad, y antes aun, la mitad de la mitad, y así hasta el infinito, aunque en cada segmento la distancia por recorrer fuera cada vez más pequeña. También pensó que Aquiles, el más veloz de los hombres, nunca podría alcanzar a la lenta tortuga si a ésta se le diera una ventaja inicial de, supóngase, un metro. Cuando Aquiles haya recorrido dicho metro, la tortuga habrá recorrido ya un decímetro más que el héroe homérico. Cuando Aquiles hubiera recorrido este decímetro, la tortuga habría recorrido un centímetro; cuando Aquiles hubiera recorrido un centímetro, la tortuga habría recorrido un milímetro, y así sucesivamente, de manera tal que Aquiles no podría alcanzar jamás a la tortuga aun cuando se hubiera ido aproximando infinitamente a ella. Con la misma lógica, podemos pensar que estas páginas, que usted, como avezado lector, está leyendo en este preciso instante, nunca serán terminadas de leer: supongamos que todavía le faltan doce minutos de lectura; para que ésta concluya, antes debe transcurrir la mitad de ese tiempo (seis minutos), pero antes la mitad de esta mitad (tres minutos) y antes aún, la mitad de la mitad de la mitad (un minuto y medio), y así hasta el infinito.
Esta paradoja en apariencia irresoluble despertó tanta perplejidad que condujo, lisa y llanamente, a la negación del tiempo. Y esa misma perplejidad empantanó a san Agustín que, interrogándose sobre este fenómeno, sólo atinó a responder: "Si nadie me pregunta qué es el tiempo, yo lo sé; pero si me preguntan qué es, ya no lo puedo explicar". Allí descubre que el espacio está en torno a nosotros como el tiempo está en nosotros. Pues renunciando a explicar el tiempo físico, Agustín lo reencuentra en la intimidad de la conciencia. Y en su interioridad también descubre que "si el pasado ya no es y el futuro aún no es", entonces el tiempo se conjuga sólo en la dimensión del presente.
Lo cierto es que toda vez que reflexionamos en torno al tiempo hacemos equilibrio sobre una cuerda floja entre dos abismos: o nos confrontamos con la imposibilidad de definirlo, o nos conformamos con los discursos científicos o filosóficos, la mayoría de ellos ajenos a su contenido existencial. Los enfoques filosóficos, en particular, son tan dispares como sorprendentes, pues identifican la génesis de la temporalidad con nuestra experiencia del cambio y del movimiento, del nacimiento, del crecimiento, del ocaso y de la muerte. Para Aristóteles, según declara en el libro IV de su Física, el sentido del tiempo depende de la capacidad de la mente para registrar el cambio. Agustín, en Las confesiones, sentencia que el tiempo es creación de Dios, que está más allá del tiempo. Isaac Newton, por el contrario, alegó que el tiempo es independiente tanto del movimiento como de Dios. Para Immanuel Kant, tiene "realidad empírica": es real en tanto y en cuanto toda experiencia sucede en el tiempo, pero a su vez es ideal, porque es una contribución de la mente humana que vuelve posible la experiencia. Dicho de otro modo, el tiempo no existe sin mi conciencia, y es puesto por mí al configurar con él la materia exterior. Henri Bergson distinguió el tiempo de la experiencia y de la conciencia del tiempo objetivo de los relojes, la matemática y la física. Edmund Husserl se valió del método fenomenológico para analizar la experiencia de la conciencia interna del tiempo. William James describió la temporalidad del fluir de la conciencia. Y Martin Heidegger consideró que el tiempo es el horizonte en el que el hombre se interroga por el ser.
La metáfora del espacio
Ya el mismísimo Zenón se había percatado de que cuando no se lo trata como a un enemigo, aludimos al tiempo valiéndonos de imágenes espaciales (y por eso cayó preso de su paradoja, por reducir el tiempo al espacio, entendiéndolo por analogía con el espacio). Y no es por capricho: dado que el tiempo es inaprensible para el imaginario humano, nos referimos a él según un esquema espacial. Así buscamos "llenar el tiempo", como si éste fuera una bolsa vacía de supermercado cuyo espacio puede ser ocupado con hechos. O mejor aún: solemos representarlo con un segmento continuo, o bien lo retenemos en nuestra imaginación con una línea discreta, dividida según las horas, días, meses, años, todos ellos instrumentos de la organización humana condensados en el reloj o el calendario. En cualquier caso, el fluir del tiempo, paradójicamente, no se experimenta en sucesos temporales sino que se vivencia en el espacio.
Todo intento de representación del tiempo supone valernos de una representación espacial. Y ése parecería ser un recurso obligado, porque cualquier cosa espacial es mostrable ostensivamente: estos zapatos son viejos (porque están corroídos, porque la suela está desgastada, porque el cuero se endureció y ya se asemeja a un cartón). Pero el tiempo no puede ser señalado y a diferencia de toda entidad localizable en un espacio, no nos ofrece ningún indicio perceptible por nuestros sentidos externos (no puede ser ni visto ni oído ni saboreado ni olido ni tocado). Ese tiempo subjetivo es lo único que nunca conseguimos aferrar aunque lo poseamos, o creamos poseerlo, a sabiendas de que está destinado a perecer.
A principios del siglo pasado, Einstein dio a conocer su revolucionaria teoría de la relatividad. Pero en verdad, no sólo el tiempo cósmico es relativo. También lo es el tiempo intersubjetivo (¿acaso escuchar una conferencia aburrida, durante la que miramos una y otra vez la aguja del minutero, que se nos antoja inmóvil como una columna griega, no resulta tan interminable como breve el tiempo vivenciado por el expositor?). Y hasta es relativo al momento vital de quien lo experimenta. Decimos de un joven que "tiene el mundo por delante", porque el futuro no es tanto una dimensión temporal como mundo por vivir en un espacio: prueba de esta cercanía es la clásica imagen del padre (ahora en desuso) que espera en el espacio contiguo a la sala de partos el nacimiento de su hijo, con un cigarrillo en la boca y caminando por el pasillo de un extremo a otro, sin cesar. Es la espera impaciente de quien está a la expectativa de un suceso, cuya ansiedad sólo puede ser calmada con el caminar nervioso, en un vano intento de apoderarse de ese acontecimiento que acaece en un espacio contiguo del mundo. Con el correr de los años, ese mismo joven habrá incorporado el tiempo a su cuerpo y a su conciencia (o alma o sistema neuronal, lo mismo da). El tiempo "se nos pasa volando", decimos una y otra vez. Transcurre sin que nos demos cuenta. Transcurre y nosotros con él, como se esfuma la espuma en la cresta de la ola condenada a morir en las arenas de la playa.
De relojes y cronologías
¿Por qué dividimos una hora en 60 minutos y cada minuto en 60 segundos? Fue apenas una contingencia histórica el que no midiéramos el tiempo con horas de, pongamos por caso, 90 minutos y con minutos de 90 segundos. En el Antiguo Oriente, los babilonios operaban con un sistema para medir el tiempo basado en 60. Mucho antes, las sociedades primitivas carecían de una conceptualización del tiempo y, poco conscientes de este concepto tan abstracto, organizaban sus rutinas según cómo afectaban los acontecimientos naturales a su necesidad de supervivencia. Se descubrió, por ejemplo, que en lugar de dividir el tiempo según las cuatro estaciones, ciertas sociedades prehistóricas lo hacían según las especies de flores que abrían sus capullos en determinada época.
Con la irrupción de las civilizaciones, los ciclos naturales que marcaban los ritmos del tiempo social fueron paulatinamente sustituidos por una temporalidad administrada por convención. No sólo se reunieron los hechos en un antes y un después sino que se crearon secuencias tan rígidas como ordenadoras de la vida privada y pública, un proceso impensable en el hombre prehistórico. Pero además, se pautaron las duraciones que rigen nuestras actividades, todas ellas atravesadas por el tiempo, lo que dio como resultado que tanto las conductas individuales como las sociales se organizaran en momentos o períodos específicos del día: se ingresa a clase a las 8 de cada mañana y se termina la jornada laboral a las 18 o las 19. El tren sale de la estación a las 19.15 y arriba a las 19.50. Puras convenciones humanas, pero imprescindibles en sociedades que se ordenan por medio de dispositivos al servicio de las cronologías (relojes, calendarios, agendas de papel y electrónicas que emiten una alarma indicadora del turno agendado con el dentista).
El resultado es que más de uno se siente "desincronizado": si se nos ocurre viajar a China, además de extenuados, llegaremos con un jet lag tal que deberemos pagar un día por cada zona horaria atravesada. Y ni qué hablar de la falta de sincronización con la familia o para acordar una cita excepcional: intente usted cenar diariamente con sus hijos adolescentes o convocar a una reunión de consorcio donde todos puedan asistir.
Los tiempos de espera se vuelven tan insoportables que uno intenta "matar" el tiempo. Espero ansiosamente un viaje soñado desde hace mucho o una fiesta o cualquier acontecimiento deseado desde siempre. En contrapartida, otro aguarda un acontecimiento nefasto (un condenado a muerte o un amante a punto de ser abandonado) y en esa espera, en cierto impulso de eternizarlo, se aferra al instante presente y feliz en comparación con el porvenir.
Cuando rememoramos un período monótono, nos representamos ese tiempo vivido como breve, mientras que el tiempo lleno de acontecimientos, que pasó en un abrir y cerrar de ojos, lo recordamos como un período prolongado: un viaje exprés (esos caricaturizados con el turista con anteojos de sol y cámara de fotos que aflora de una camisa hawaiana) en el que re-corremos diez ciudades europeas en ocho días y siete noches se nos antojará como si hubiésemos partido largo tiempo atrás (además de que las ciudades, con el tiempo, se confundirán unas con otras: ¿era la catedral de Chartres o la de Estrasburgo? ¿O sería la de Colonia?). Ansiosos por ser inmortalizados en una imagen, confiados en que ella durará un poco más que nosotros, nos ocupamos de registrar nuestra vida con cámaras digitales y hasta con teléfonos celulares, a veces perdiéndonos, con ese gesto, la ocasión de capturar subjetivamente la magia del instante.
Colmando cada uno de esos momentos, con la consigna de que el tiempo no alcanza para todo lo que falta hacer, caemos en el sinsentido de procurar afanosamente llenar un tiempo que después se nos hace corto. Y en ese intento de vivir mucho en poco tiempo, el común de los mortales intenta apresar el tiempo dotando a cada instante de un espesor que de otra manera no tendría: se quiere vivir más y se quiere vivir el tiempo vivido con una intensidad que por momentos nos supera. En el peor de los casos, escucho música a todo volumen, corro por la autopista o ingiero alucinógenos para poder vivir ciertas experiencias exultantes que, en condiciones rutinarias, no suelen ser vivenciadas. En el mejor, aparecen soluciones redentoras como el fitness o el ideal de la "vida sana", como si uno u otra fueran el pasaporte con visa incluida a esa tan añorada como imposible inmortalidad. Y cuando el fin se aproxima, se aspira a prolongar la vida (lo que explica el encarnizamiento terapéutico, cuando se quiere vivir a toda costa, aun cuando la muerte, impiadosa, se preanuncia en su irrevocabilidad).
Parecería que nuestra concepción del tiempo –implícita, raramente pensada desde el sentido común– fuera una versión perversa del tiempo agustiniano: vivimos en una suerte de presente continuo pero relegamos el futuro como dimensión de la subjetividad. Solemos olvidar, sospechosamente, que envejeceremos y moriremos. Viviendo un presente perpetuo que consta de episodios, cada uno de ellos aislado del pasado y del futuro. El mismo Spinoza decía que nos sentimos eternos. Y nunca como hoy, nuestra cultura exacerbadamente narcisista parece darle la razón.
Adiós al ocio
En los años 60, la problemática del ocio era el tema que preocupaba a los sociólogos y a los psicólogos sociales. ¿Qué se iba a hacer con todo el tiempo libre que la incipiente tecnología aplicada a la vida hogareña y profesional nos dejaba, a modo de saldo? Se construyeron modelos teóricos que intentaban organizar el sueño de una sociedad que se perfilaba como proveedora de ocio, bajo el imperativo de la creatividad. Nacía un tiempo superfluo que debía ser consumido de una u otra forma. Pero ese proyecto no pasó de ser una ilusión, pues representado en sus comienzos como un horizonte de posibilidades, el ocio terminó por ser una carga insoportable. Temerosos del "vacío" del tiempo, ese tiempo vacío fue rápidamente llenado con ocupaciones superpuestas sin solución de continuidad. El tiempo libre hoy es lo menos libre que hay, pues lo llenamos con obligaciones que, por ser en principio electivas, constriñen tanto o más que las que nos son impuestas.
¿Cómo se vivencia hoy el tiempo? Leon Kreitzman, en The 24-Hour Society ("La sociedad de las 24 horas") señala que con la introducción del reloj tras la Revolución Industrial, los individuos fueron perdiendo la noción del tiempo natural, indicado por la luz y la oscuridad. Desde ese momento, el hombre moderno se ha consagrado a hacer rendir el tiempo hasta tal punto que, hoy por hoy, el tiempo natural ya no importa. El giro hacia una sociedad abierta durante las 24 horas impulsa la proliferación de los servicios de delivery, bares, cibercafés y hasta alentó la habilitación nocturna de una muestra en el Louvre para que pudiera ser visitada por un público que por nada del mundo quería perdérsela.
La tecnología cada vez más sofisticada de un mundo globalizado crea la demanda de una disponibilidad de distintos sectores productivos y conduce hacia una sociedad que, señala Kreitzman, no descansa jamás. Según se constató en un estudio de campo, los adolescentes y jóvenes actuales desearían vivir en un territorio con un sol que no se pusiera jamás, en un verano boreal en que el tiempo y, con él, los ciclos de la naturaleza fueran suspendidos. Y ya vivimos en un tiempo sin tiempo en el que hasta los ciclos biológicos son transgredidos: mientras que otras generaciones se volvían adultas al promediar la segunda década (los varones obtenían su título o se ganaban su primer salario y las mujeres ya daban a luz), hoy los jóvenes (y los no tan jóvenes) viven un presente perpetuo, sin conciencia de los límites de las etapas vitales.
Por cierto, este escenario vertiginoso puede resultarnos intimidante. Y lo es. No puede no serlo una época signada por la incredulidad y un escepticismo insensible. Tal vez haya habido épocas más heroicas. Incluso tal vez las haya habido más esperanzadas. Pero ésta, la que nos toca vivir, es al fin de cuentas la nuestra.
Disfrutemos del hoy sin pensar en el pasado que ya no podemos cambiar y sin ansiedades por el futuro. El tiempo es una paradoja, totalmente subjetivo, que vivenciamos según el momento y las circunstancias.
Aqui hay un muy interesante artículo que lo analiza.
Gracias,
Victoria
Aunque la tecnología nos permite resolver cada vez con mayor rapidez cuestiones prácticas, vivimos, de un modo paradójico, agobiados por la sensación de que el tiempo de que disponemos nunca es suficiente para todo lo que quisiéramos o debiéramos hacer. Las cosas que poseemos "cuanto más valiosas, más demandantes" nos imponen cuidados y preocupaciones absorbentes; por otra parte, la oferta de nuevos bienes y la proliferación de estímulos hacen que corramos una carrera desesperada para adquirirlos y disfrutarlos. A ese ritmo enajenado, se nos va la vida luchando por la esclavitud como si lo hiciéramos por la libertad e ignorando qué es el tiempo que nos consume.
Por Diana Cohen Agrest
Para LA NACION
"Combatir al tiempo". "Correr una carrera contra el tiempo". "Ganarle al tiempo". Las ocupaciones se superponen haciendo del hombre un esclavo del tiempo. Éste configura nuestra vida privada y nuestros hábitos sociales, en particular en una cultura monocrónica que desde siempre estipuló un tiempo socialmente aceptable para levantarse, otro para almorzar y otro para ir de copas. Mientras tanto, el auto, el Blackberry, la tarjeta de crédito son bienes bifrontes: uno de sus rostros nos ahorra un tiempo incalculable en operaciones hoy incorporadas a la vida común. Pero hay otro rostro menos benéfico: esos bienes suelen ser conquistados a costa de cierta libertad, pues su gestión y administración obliga a invertir un esfuerzo que podría ser volcado en otras ocupaciones. Cada uno de esos trofeos lleva consigo el tiempo invertido en comprarlo o mantenerlo o asegurarlo. Y en esos actos exigidos por las cosas, que cuanto más valiosas se tornan más demandantes, se nos va el tiempo y la vida con él, luchando por la esclavitud, decía Spinoza, como si lucháramos por la libertad. Persiguiendo el "tener", como se suele decir, nos perdemos de ser. Porque, aunque cueste admitirlo, más tarde o más temprano, Cronos devora a sus hijos sin hacer excepciones ni atender a favoritismos: el presente es un pasaje hacia el pasado, y el futuro también lo será. Destino fatal de todo lo viviente, también es el nuestro.
No todos viven sometidos a las exigencias del tiempo. Quienes han quedado fuera de la cadena productiva –por vejez o, cada vez más, porque han sido excluidos de la economía de mercado– sobreviven aplastados bajo el peso de un tiempo abundante, innecesario e inútil, en el cual no tienen nada que hacer. Un tiempo en que "no pasa nada". Sus abuelos, en un mundo más misérrimo pero signado todavía por la esperanza, vivían sometidos al tiempo impersonal del ritmo fabril, marcando sus ingresos y salidas laborales. Los marginados de hoy, en cambio, sólo pueden matar el tiempo a la vez que éste los mata lentamente.
Vivimos agobiados por una sensación que, como una sombra, nos persigue: en una época en que contamos con dispositivos que nos ahorran un tiempo precioso, hoy, más que nunca, no podemos liberarnos de la sensación de la falta de tiempo.
El tiempo ha sido un problema desde el origen del pensamiento occidental, cuando Zenón de Elea (quien vivió en el siglo V antes de la era cristiana) barrió con el sentido común al sentenciar que el tiempo no existe, que es pura ilusión. Interesado en negar la realidad del devenir, pensaba que si el tiempo puede ser dividido en una sucesión infinita de momentos, entonces deberíamos conceder que es infinito. Pero este infinito es la negación misma del tiempo. Y desafiando al más incrédulo, Zenón invitaba a imaginar un corredor en un estadio, quien nunca arribaría a la meta: antes de pisar la línea de llegada debía alcanzar su mitad, y antes aun, la mitad de la mitad, y así hasta el infinito, aunque en cada segmento la distancia por recorrer fuera cada vez más pequeña. También pensó que Aquiles, el más veloz de los hombres, nunca podría alcanzar a la lenta tortuga si a ésta se le diera una ventaja inicial de, supóngase, un metro. Cuando Aquiles haya recorrido dicho metro, la tortuga habrá recorrido ya un decímetro más que el héroe homérico. Cuando Aquiles hubiera recorrido este decímetro, la tortuga habría recorrido un centímetro; cuando Aquiles hubiera recorrido un centímetro, la tortuga habría recorrido un milímetro, y así sucesivamente, de manera tal que Aquiles no podría alcanzar jamás a la tortuga aun cuando se hubiera ido aproximando infinitamente a ella. Con la misma lógica, podemos pensar que estas páginas, que usted, como avezado lector, está leyendo en este preciso instante, nunca serán terminadas de leer: supongamos que todavía le faltan doce minutos de lectura; para que ésta concluya, antes debe transcurrir la mitad de ese tiempo (seis minutos), pero antes la mitad de esta mitad (tres minutos) y antes aún, la mitad de la mitad de la mitad (un minuto y medio), y así hasta el infinito.
Esta paradoja en apariencia irresoluble despertó tanta perplejidad que condujo, lisa y llanamente, a la negación del tiempo. Y esa misma perplejidad empantanó a san Agustín que, interrogándose sobre este fenómeno, sólo atinó a responder: "Si nadie me pregunta qué es el tiempo, yo lo sé; pero si me preguntan qué es, ya no lo puedo explicar". Allí descubre que el espacio está en torno a nosotros como el tiempo está en nosotros. Pues renunciando a explicar el tiempo físico, Agustín lo reencuentra en la intimidad de la conciencia. Y en su interioridad también descubre que "si el pasado ya no es y el futuro aún no es", entonces el tiempo se conjuga sólo en la dimensión del presente.
Lo cierto es que toda vez que reflexionamos en torno al tiempo hacemos equilibrio sobre una cuerda floja entre dos abismos: o nos confrontamos con la imposibilidad de definirlo, o nos conformamos con los discursos científicos o filosóficos, la mayoría de ellos ajenos a su contenido existencial. Los enfoques filosóficos, en particular, son tan dispares como sorprendentes, pues identifican la génesis de la temporalidad con nuestra experiencia del cambio y del movimiento, del nacimiento, del crecimiento, del ocaso y de la muerte. Para Aristóteles, según declara en el libro IV de su Física, el sentido del tiempo depende de la capacidad de la mente para registrar el cambio. Agustín, en Las confesiones, sentencia que el tiempo es creación de Dios, que está más allá del tiempo. Isaac Newton, por el contrario, alegó que el tiempo es independiente tanto del movimiento como de Dios. Para Immanuel Kant, tiene "realidad empírica": es real en tanto y en cuanto toda experiencia sucede en el tiempo, pero a su vez es ideal, porque es una contribución de la mente humana que vuelve posible la experiencia. Dicho de otro modo, el tiempo no existe sin mi conciencia, y es puesto por mí al configurar con él la materia exterior. Henri Bergson distinguió el tiempo de la experiencia y de la conciencia del tiempo objetivo de los relojes, la matemática y la física. Edmund Husserl se valió del método fenomenológico para analizar la experiencia de la conciencia interna del tiempo. William James describió la temporalidad del fluir de la conciencia. Y Martin Heidegger consideró que el tiempo es el horizonte en el que el hombre se interroga por el ser.
La metáfora del espacio
Ya el mismísimo Zenón se había percatado de que cuando no se lo trata como a un enemigo, aludimos al tiempo valiéndonos de imágenes espaciales (y por eso cayó preso de su paradoja, por reducir el tiempo al espacio, entendiéndolo por analogía con el espacio). Y no es por capricho: dado que el tiempo es inaprensible para el imaginario humano, nos referimos a él según un esquema espacial. Así buscamos "llenar el tiempo", como si éste fuera una bolsa vacía de supermercado cuyo espacio puede ser ocupado con hechos. O mejor aún: solemos representarlo con un segmento continuo, o bien lo retenemos en nuestra imaginación con una línea discreta, dividida según las horas, días, meses, años, todos ellos instrumentos de la organización humana condensados en el reloj o el calendario. En cualquier caso, el fluir del tiempo, paradójicamente, no se experimenta en sucesos temporales sino que se vivencia en el espacio.
Todo intento de representación del tiempo supone valernos de una representación espacial. Y ése parecería ser un recurso obligado, porque cualquier cosa espacial es mostrable ostensivamente: estos zapatos son viejos (porque están corroídos, porque la suela está desgastada, porque el cuero se endureció y ya se asemeja a un cartón). Pero el tiempo no puede ser señalado y a diferencia de toda entidad localizable en un espacio, no nos ofrece ningún indicio perceptible por nuestros sentidos externos (no puede ser ni visto ni oído ni saboreado ni olido ni tocado). Ese tiempo subjetivo es lo único que nunca conseguimos aferrar aunque lo poseamos, o creamos poseerlo, a sabiendas de que está destinado a perecer.
A principios del siglo pasado, Einstein dio a conocer su revolucionaria teoría de la relatividad. Pero en verdad, no sólo el tiempo cósmico es relativo. También lo es el tiempo intersubjetivo (¿acaso escuchar una conferencia aburrida, durante la que miramos una y otra vez la aguja del minutero, que se nos antoja inmóvil como una columna griega, no resulta tan interminable como breve el tiempo vivenciado por el expositor?). Y hasta es relativo al momento vital de quien lo experimenta. Decimos de un joven que "tiene el mundo por delante", porque el futuro no es tanto una dimensión temporal como mundo por vivir en un espacio: prueba de esta cercanía es la clásica imagen del padre (ahora en desuso) que espera en el espacio contiguo a la sala de partos el nacimiento de su hijo, con un cigarrillo en la boca y caminando por el pasillo de un extremo a otro, sin cesar. Es la espera impaciente de quien está a la expectativa de un suceso, cuya ansiedad sólo puede ser calmada con el caminar nervioso, en un vano intento de apoderarse de ese acontecimiento que acaece en un espacio contiguo del mundo. Con el correr de los años, ese mismo joven habrá incorporado el tiempo a su cuerpo y a su conciencia (o alma o sistema neuronal, lo mismo da). El tiempo "se nos pasa volando", decimos una y otra vez. Transcurre sin que nos demos cuenta. Transcurre y nosotros con él, como se esfuma la espuma en la cresta de la ola condenada a morir en las arenas de la playa.
De relojes y cronologías
¿Por qué dividimos una hora en 60 minutos y cada minuto en 60 segundos? Fue apenas una contingencia histórica el que no midiéramos el tiempo con horas de, pongamos por caso, 90 minutos y con minutos de 90 segundos. En el Antiguo Oriente, los babilonios operaban con un sistema para medir el tiempo basado en 60. Mucho antes, las sociedades primitivas carecían de una conceptualización del tiempo y, poco conscientes de este concepto tan abstracto, organizaban sus rutinas según cómo afectaban los acontecimientos naturales a su necesidad de supervivencia. Se descubrió, por ejemplo, que en lugar de dividir el tiempo según las cuatro estaciones, ciertas sociedades prehistóricas lo hacían según las especies de flores que abrían sus capullos en determinada época.
Con la irrupción de las civilizaciones, los ciclos naturales que marcaban los ritmos del tiempo social fueron paulatinamente sustituidos por una temporalidad administrada por convención. No sólo se reunieron los hechos en un antes y un después sino que se crearon secuencias tan rígidas como ordenadoras de la vida privada y pública, un proceso impensable en el hombre prehistórico. Pero además, se pautaron las duraciones que rigen nuestras actividades, todas ellas atravesadas por el tiempo, lo que dio como resultado que tanto las conductas individuales como las sociales se organizaran en momentos o períodos específicos del día: se ingresa a clase a las 8 de cada mañana y se termina la jornada laboral a las 18 o las 19. El tren sale de la estación a las 19.15 y arriba a las 19.50. Puras convenciones humanas, pero imprescindibles en sociedades que se ordenan por medio de dispositivos al servicio de las cronologías (relojes, calendarios, agendas de papel y electrónicas que emiten una alarma indicadora del turno agendado con el dentista).
El resultado es que más de uno se siente "desincronizado": si se nos ocurre viajar a China, además de extenuados, llegaremos con un jet lag tal que deberemos pagar un día por cada zona horaria atravesada. Y ni qué hablar de la falta de sincronización con la familia o para acordar una cita excepcional: intente usted cenar diariamente con sus hijos adolescentes o convocar a una reunión de consorcio donde todos puedan asistir.
Los tiempos de espera se vuelven tan insoportables que uno intenta "matar" el tiempo. Espero ansiosamente un viaje soñado desde hace mucho o una fiesta o cualquier acontecimiento deseado desde siempre. En contrapartida, otro aguarda un acontecimiento nefasto (un condenado a muerte o un amante a punto de ser abandonado) y en esa espera, en cierto impulso de eternizarlo, se aferra al instante presente y feliz en comparación con el porvenir.
Cuando rememoramos un período monótono, nos representamos ese tiempo vivido como breve, mientras que el tiempo lleno de acontecimientos, que pasó en un abrir y cerrar de ojos, lo recordamos como un período prolongado: un viaje exprés (esos caricaturizados con el turista con anteojos de sol y cámara de fotos que aflora de una camisa hawaiana) en el que re-corremos diez ciudades europeas en ocho días y siete noches se nos antojará como si hubiésemos partido largo tiempo atrás (además de que las ciudades, con el tiempo, se confundirán unas con otras: ¿era la catedral de Chartres o la de Estrasburgo? ¿O sería la de Colonia?). Ansiosos por ser inmortalizados en una imagen, confiados en que ella durará un poco más que nosotros, nos ocupamos de registrar nuestra vida con cámaras digitales y hasta con teléfonos celulares, a veces perdiéndonos, con ese gesto, la ocasión de capturar subjetivamente la magia del instante.
Colmando cada uno de esos momentos, con la consigna de que el tiempo no alcanza para todo lo que falta hacer, caemos en el sinsentido de procurar afanosamente llenar un tiempo que después se nos hace corto. Y en ese intento de vivir mucho en poco tiempo, el común de los mortales intenta apresar el tiempo dotando a cada instante de un espesor que de otra manera no tendría: se quiere vivir más y se quiere vivir el tiempo vivido con una intensidad que por momentos nos supera. En el peor de los casos, escucho música a todo volumen, corro por la autopista o ingiero alucinógenos para poder vivir ciertas experiencias exultantes que, en condiciones rutinarias, no suelen ser vivenciadas. En el mejor, aparecen soluciones redentoras como el fitness o el ideal de la "vida sana", como si uno u otra fueran el pasaporte con visa incluida a esa tan añorada como imposible inmortalidad. Y cuando el fin se aproxima, se aspira a prolongar la vida (lo que explica el encarnizamiento terapéutico, cuando se quiere vivir a toda costa, aun cuando la muerte, impiadosa, se preanuncia en su irrevocabilidad).
Parecería que nuestra concepción del tiempo –implícita, raramente pensada desde el sentido común– fuera una versión perversa del tiempo agustiniano: vivimos en una suerte de presente continuo pero relegamos el futuro como dimensión de la subjetividad. Solemos olvidar, sospechosamente, que envejeceremos y moriremos. Viviendo un presente perpetuo que consta de episodios, cada uno de ellos aislado del pasado y del futuro. El mismo Spinoza decía que nos sentimos eternos. Y nunca como hoy, nuestra cultura exacerbadamente narcisista parece darle la razón.
Adiós al ocio
En los años 60, la problemática del ocio era el tema que preocupaba a los sociólogos y a los psicólogos sociales. ¿Qué se iba a hacer con todo el tiempo libre que la incipiente tecnología aplicada a la vida hogareña y profesional nos dejaba, a modo de saldo? Se construyeron modelos teóricos que intentaban organizar el sueño de una sociedad que se perfilaba como proveedora de ocio, bajo el imperativo de la creatividad. Nacía un tiempo superfluo que debía ser consumido de una u otra forma. Pero ese proyecto no pasó de ser una ilusión, pues representado en sus comienzos como un horizonte de posibilidades, el ocio terminó por ser una carga insoportable. Temerosos del "vacío" del tiempo, ese tiempo vacío fue rápidamente llenado con ocupaciones superpuestas sin solución de continuidad. El tiempo libre hoy es lo menos libre que hay, pues lo llenamos con obligaciones que, por ser en principio electivas, constriñen tanto o más que las que nos son impuestas.
¿Cómo se vivencia hoy el tiempo? Leon Kreitzman, en The 24-Hour Society ("La sociedad de las 24 horas") señala que con la introducción del reloj tras la Revolución Industrial, los individuos fueron perdiendo la noción del tiempo natural, indicado por la luz y la oscuridad. Desde ese momento, el hombre moderno se ha consagrado a hacer rendir el tiempo hasta tal punto que, hoy por hoy, el tiempo natural ya no importa. El giro hacia una sociedad abierta durante las 24 horas impulsa la proliferación de los servicios de delivery, bares, cibercafés y hasta alentó la habilitación nocturna de una muestra en el Louvre para que pudiera ser visitada por un público que por nada del mundo quería perdérsela.
La tecnología cada vez más sofisticada de un mundo globalizado crea la demanda de una disponibilidad de distintos sectores productivos y conduce hacia una sociedad que, señala Kreitzman, no descansa jamás. Según se constató en un estudio de campo, los adolescentes y jóvenes actuales desearían vivir en un territorio con un sol que no se pusiera jamás, en un verano boreal en que el tiempo y, con él, los ciclos de la naturaleza fueran suspendidos. Y ya vivimos en un tiempo sin tiempo en el que hasta los ciclos biológicos son transgredidos: mientras que otras generaciones se volvían adultas al promediar la segunda década (los varones obtenían su título o se ganaban su primer salario y las mujeres ya daban a luz), hoy los jóvenes (y los no tan jóvenes) viven un presente perpetuo, sin conciencia de los límites de las etapas vitales.
Por cierto, este escenario vertiginoso puede resultarnos intimidante. Y lo es. No puede no serlo una época signada por la incredulidad y un escepticismo insensible. Tal vez haya habido épocas más heroicas. Incluso tal vez las haya habido más esperanzadas. Pero ésta, la que nos toca vivir, es al fin de cuentas la nuestra.
viernes, 13 de febrero de 2009
CHAKRAS - Rasgos psicológicos y físicos
Chakra raiz - N° 1 = Instintos, supervivencia, problemas no resueltos de vidas pasadas, familia, casamiento,ser padres, conducta correcta, habilidad para poder acceder a los requerimientos básicos para vivir.
Seguir las pautas familiares, hacer lo que quiere el otro (marido, mujer), tratar de adaptarse al otro y compromiso a estos temas.
Físico: Soporte de las funciones corporales, sangre, huesos, trastornos inmunológicos. Cancer rectal, base de la espina dorsal y dolores crónicos en la parte baja de la espalda. Problemas en los pies y piernas incluyendo venas varicosas, calambres, etc.Depresión.
Vibra con el rojo - Piedra: hematite, granate.
Chakra de la base - N° 2 = Poder, creatividad, sexo, echarle la culpa a los otros, deseo de control,pasión, ética, dinero, codicia, honestidad en relaciones de pareja, fidelidad, represión en sentimientos relativos al sexo, temas vinculados a la reproducción.
Físico: Organos reproductivos, ciclos menstruales, cancer en el área, impotencia.
Dolor pélvico y ciático, problemas urinarios y de vejiga, caderas.
Vibra con el naranja - Piedra: cornalina, cuarzo naranja.
Chakra del ombligo o Plexo Solar - N° 3 = temas relacionados con la responsabilidad, cuidado de los otros,confiar, temer, culpa, carrera o vocación, intimidación, honor personal, sentirse víctima,coraje. Autopreocupación, autorespeto, sensibilidad a las críticas, autoestima, saber cuánto uno vale, autoconfianza.
Físico: Indigestión, trastornos de estómago, intestinos, colon. Desórdenes de alimentación por exceso o falta. Diabetes, artritis, pancreas, problemas hepáticos, vesícula biliar, riñones,úlceras, bazo. Dolor en la mitad de la cintura.
Vibra con el amarillo - Piedra: Citrino.
Chakra del corazón - N° 4 = Amor, capacidad de ser feliz, tristeza, bronca, odio, prejuicios,aislamiento, capacidad de perdonar, compasión, esperanza, deseos, resentimiento,elecciones en el amor, capacidad de compromiso en una relación.
Físico: Corazón, sistema circulatorio, pulmones, problemas respiratorios (asma, alergia, etc.),pectorales, pechos, neumonía, bronquitis, dolor en espalda superior y hombros, problemas en brazos.
Este chakra-puente divide los chakras inferiores de los superiores.
Vibra con el rosa-verde. Piedra: Citrino.
Chakra de la garganta- N°5 = Comunicación, autoexpresión, decir o no la verdad,
seguimiento de los sueños propios, capacidad para seguir siendo auténtico y honesto
con uno mismo. Adicciones, hábitos, juicio, fe o la falta de, tomar decisiones,
conocerse a uno mismo, criticas a los demas, deseo de poder, coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Toda forma de expresión y comunicación.
Físico: Zona del cuello, cervicales, boca, dientes, encías, dolores o inflamaciones en dichas áreas.Tiroides. Garganta, esófago, hernia hiatal, anginas/dolor e inflamación de garganta, laringitis, etc.
Vibra con el azul - Piedra: lapizlázuli, cuarzo azul, turquesa, aguamarina.
Chakra del entrecejo - N° 6 = Verdad, conocimiento, intelecto, intuición, aprender de la experiencia, sentimientos inadecuados, sabiduría interior, conocerse a si mismo y capacidad de autoevaluación, apertura mental, capacidad de auto-aceptación y aceptación de los demás.Capacidad para escuchar a los demás y mirar con atención.
Físico: Problemas de los oídos, zumbidos, desórdenes visuales incluyendo sensibilidad a la luz, ceguera, nariz, cerebro, sistema nervioso, problemas de columna, problemas de aprendizaje.
Vibra con el índigo - Piedra: lapizlázuli.
Chakra de la coronilla - N° 7 = Espiritualidad, devoción a lo espiritual, amor incondicional al Ser Interior, al planeta Tierra, al Cosmos en general. Empatía, humanismo, generosidad,valores y ética. Habilidad para moverse con el flujo de la vida y salirse del problema para tener una perspectiva adecuada del cuadro.
Físico: problemas de piel, trastornos musculares, falta de vitalidad o fatiga crónica, depresión profunda y crónica, hipersensibilidad al entorno, absorber sentimientos ajenos tipo esponja, excesiva sensibilidad al sol, la luz y el sonido.
Vibra con el violeta, lila, etc. - Piedra: Amatista.
Seguir las pautas familiares, hacer lo que quiere el otro (marido, mujer), tratar de adaptarse al otro y compromiso a estos temas.
Físico: Soporte de las funciones corporales, sangre, huesos, trastornos inmunológicos. Cancer rectal, base de la espina dorsal y dolores crónicos en la parte baja de la espalda. Problemas en los pies y piernas incluyendo venas varicosas, calambres, etc.Depresión.
Vibra con el rojo - Piedra: hematite, granate.
Chakra de la base - N° 2 = Poder, creatividad, sexo, echarle la culpa a los otros, deseo de control,pasión, ética, dinero, codicia, honestidad en relaciones de pareja, fidelidad, represión en sentimientos relativos al sexo, temas vinculados a la reproducción.
Físico: Organos reproductivos, ciclos menstruales, cancer en el área, impotencia.
Dolor pélvico y ciático, problemas urinarios y de vejiga, caderas.
Vibra con el naranja - Piedra: cornalina, cuarzo naranja.
Chakra del ombligo o Plexo Solar - N° 3 = temas relacionados con la responsabilidad, cuidado de los otros,confiar, temer, culpa, carrera o vocación, intimidación, honor personal, sentirse víctima,coraje. Autopreocupación, autorespeto, sensibilidad a las críticas, autoestima, saber cuánto uno vale, autoconfianza.
Físico: Indigestión, trastornos de estómago, intestinos, colon. Desórdenes de alimentación por exceso o falta. Diabetes, artritis, pancreas, problemas hepáticos, vesícula biliar, riñones,úlceras, bazo. Dolor en la mitad de la cintura.
Vibra con el amarillo - Piedra: Citrino.
Chakra del corazón - N° 4 = Amor, capacidad de ser feliz, tristeza, bronca, odio, prejuicios,aislamiento, capacidad de perdonar, compasión, esperanza, deseos, resentimiento,elecciones en el amor, capacidad de compromiso en una relación.
Físico: Corazón, sistema circulatorio, pulmones, problemas respiratorios (asma, alergia, etc.),pectorales, pechos, neumonía, bronquitis, dolor en espalda superior y hombros, problemas en brazos.
Este chakra-puente divide los chakras inferiores de los superiores.
Vibra con el rosa-verde. Piedra: Citrino.
Chakra de la garganta- N°5 = Comunicación, autoexpresión, decir o no la verdad,
seguimiento de los sueños propios, capacidad para seguir siendo auténtico y honesto
con uno mismo. Adicciones, hábitos, juicio, fe o la falta de, tomar decisiones,
conocerse a uno mismo, criticas a los demas, deseo de poder, coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Toda forma de expresión y comunicación.
Físico: Zona del cuello, cervicales, boca, dientes, encías, dolores o inflamaciones en dichas áreas.Tiroides. Garganta, esófago, hernia hiatal, anginas/dolor e inflamación de garganta, laringitis, etc.
Vibra con el azul - Piedra: lapizlázuli, cuarzo azul, turquesa, aguamarina.
Chakra del entrecejo - N° 6 = Verdad, conocimiento, intelecto, intuición, aprender de la experiencia, sentimientos inadecuados, sabiduría interior, conocerse a si mismo y capacidad de autoevaluación, apertura mental, capacidad de auto-aceptación y aceptación de los demás.Capacidad para escuchar a los demás y mirar con atención.
Físico: Problemas de los oídos, zumbidos, desórdenes visuales incluyendo sensibilidad a la luz, ceguera, nariz, cerebro, sistema nervioso, problemas de columna, problemas de aprendizaje.
Vibra con el índigo - Piedra: lapizlázuli.
Chakra de la coronilla - N° 7 = Espiritualidad, devoción a lo espiritual, amor incondicional al Ser Interior, al planeta Tierra, al Cosmos en general. Empatía, humanismo, generosidad,valores y ética. Habilidad para moverse con el flujo de la vida y salirse del problema para tener una perspectiva adecuada del cuadro.
Físico: problemas de piel, trastornos musculares, falta de vitalidad o fatiga crónica, depresión profunda y crónica, hipersensibilidad al entorno, absorber sentimientos ajenos tipo esponja, excesiva sensibilidad al sol, la luz y el sonido.
Vibra con el violeta, lila, etc. - Piedra: Amatista.
lunes, 9 de febrero de 2009
Detalles de Piedras y sus beneficios
AMATISTA
Transformación de la energía. Protección. Purificación y claridad de pensamientos.
Trabaja sobre las glándulas pineal y pituitaria, el cerebro, los ojos, nariz y oídos. Protege la garganta y el sistema respiratorio.
Es de color violeta, rojo violáceo.
Influye sobre Virgo, Sagitario, Capricornio y Piscis.
AGUAMARINA
Pacifica y tranquiliza. Alivia la ansiedad. Brinda paz mental.
Trabaja sobre la garganta, oídos, tiroides. Sistema nervioso, tensión muscular; ojos, nariz, cerebro y el timo.
Es de color azul - azul claro - azul verdoso.
Influye sobre Piscis, Sagitario, Tauro, Virgo.
AVENTURINA
Ayuda a la meditación y a la visualización.
Es de color verde
Influye sobre Virgo - Leo - Escorpio
AGATA
Inspiración y benevolencia. Cooperación. Aceptación. Transformación hacia la armonía y el amor.
Trabaja fortaleciendo el sistema inmunológico, tonifica el cardio.
Es de color rosa, azul, naranja, marrón.
Influye sobre Aries - Sagitario - Leo - Escorpio - Géminis - Libra.
CITRINO
Clarificación de patrones de pensamiento para manifestar lo que se desea sintonizar con la fuerza de la luz creadora.
Trabaja sobre la piel, glándulas mamarias, ovarios, riñones. Aparato respiratorio y digestivo Páncreas e hígado.
Es de color naranja.
Influye sobre Leo.
ESMERALDA
Aumenta la sabiduría y proyecta el amor. Honestidad.
Trabaja sobre el corazón, sistema inmunológico, los ganglios linfáticos, huesos y dientes.
Es de color verde oscuro - verde claro - verde amarillento
Influye sobre Tauro, Virgo.
GRANATE
Purifica los pensamientos. Despierta amor y compasión
Trabaja sobre la memoria, la sangre, y la columna vertebral
Es de color rojo - rojo violáceo
Influye sobre Acuario, Escorpio, Tauro, Sagitario, Géminis.
TURMALINA
Elimina las toxinas mentales y emocionales
Trabaja sobre el sistema nervioso, tracto intestinal, órganos genitales, ganglios linfáticos
Es de color negro, verde, rosa, azul, amarillo
Influye sobre Géminis - Capricornio - Sagitario - Escorpio
MALAQUITA
Refleja y es reflejo de lo que está en el interior. Paciencia.
Trabaja sobre el páncreas y la vesícula. Ordenador menstrual, antiespasmódico. fortifica los dientes.
Es de color verde
Influye sobre Virgo - Aries - Capricornio -
OBSIDIANA
Manifestación de las cualidades espirituales
Trabaja sobre la cervical; artrosis de columna cervical
Es de color negro
Influye sobre Virgo - Aries - Capricornio
ONIX
Absorción y transformación de las vibraciones
Trabaja sobre los dientes y huesos
influye sobre Capricornio.
TOPAZIO
Alegría , amor, optimismo
Trabaja sobre el aparato digestivo, respiratorio, estómago, páncreas, hígado. Equilibrio hormonal.
Es incolora - naranja - dorada - amarilla - roja - marrón - azul clara - rosada - verde pálido
Influye sobre Leo - Géminis -
RODONITA
Ayuda a la fluidez del diálogo
Trabaja sobre el corazón, ganglios linfáticos. Regulador neuro-vegetativo
Es de color rosa con blanco
OJO DE GATO
Ver y aceptar la diversidad en la totalidad. Concentración
Trabaja sobre el bulbo raquídeo. Alivia dolor de cabeza
Es de color marrón - marrón negro
Influye sobre Virgo - Géminis - Tauro
JASPE
Equilibra la energía corporal. Ayuda a la insuficiencia biliar.
Trabaja en la tonificación de muscular
Es de color marrón rojizo
Influye sobre Tauro, Aries.
HEMATITA
Aumenta el flujo de la meditación
Trabaja sobre todo tipo de anemias
Es de color negro
SODALITA
Conexión con lo astral
Trabaja sobre el cerebro, oído, ojos, nariz y sistema nervioso.
Es de color azul con pintitas blancas
Influye sobre Sagitario.
CUARZO CRISTAL
Amplifica las ideas y sentimientos, ayuda a la retención de información
Trabaja sobre la garganta, oídos, cerebro, sist. nervioso.
Es de color transparente
Influye sobre Virgo - Acuario
CUARZO ROSA O VERDE
Realización de los propios deseos, paz interior
Trabaja sobre el corazón, sist. inmunológico, glándulas linfática y timo
Es de color rosa o verde
Influye sobre Libra, Tauro, Cáncer -
CUARZO AHUMADO
Purifica las formas de pensamiento que carecen de lucidez
Trabaja sobre la sangre, columna, sistema nervioso, órganos genitales y ano
Es de color pardo ahumado
Influye sobre Escorpio - Sagitario -
CUARZO LECHOSO
Ayuda a la unión de lo visible con lo invisible
Es de color lechoso - rosado - amarillo ahumado
CUARZO NARANJA
Canaliza la agresividad
Trabaja sobre la piel, glándulas mamarias, ovarios., sist. inmunológico
Es de color naranja
Influye sobre Escorpio - Tauro - Sagitario.
RUBI
Alivia el miedo y la ansiedad. Voluntad de vivir
Trabaja sobre la sangre, la columna vertebral, sistema nervioso, órganos sexuales
Es de color rojo
Influye sobre Aries y Tauro
Transformación de la energía. Protección. Purificación y claridad de pensamientos.
Trabaja sobre las glándulas pineal y pituitaria, el cerebro, los ojos, nariz y oídos. Protege la garganta y el sistema respiratorio.
Es de color violeta, rojo violáceo.
Influye sobre Virgo, Sagitario, Capricornio y Piscis.
AGUAMARINA
Pacifica y tranquiliza. Alivia la ansiedad. Brinda paz mental.
Trabaja sobre la garganta, oídos, tiroides. Sistema nervioso, tensión muscular; ojos, nariz, cerebro y el timo.
Es de color azul - azul claro - azul verdoso.
Influye sobre Piscis, Sagitario, Tauro, Virgo.
AVENTURINA
Ayuda a la meditación y a la visualización.
Es de color verde
Influye sobre Virgo - Leo - Escorpio
AGATA
Inspiración y benevolencia. Cooperación. Aceptación. Transformación hacia la armonía y el amor.
Trabaja fortaleciendo el sistema inmunológico, tonifica el cardio.
Es de color rosa, azul, naranja, marrón.
Influye sobre Aries - Sagitario - Leo - Escorpio - Géminis - Libra.
CITRINO
Clarificación de patrones de pensamiento para manifestar lo que se desea sintonizar con la fuerza de la luz creadora.
Trabaja sobre la piel, glándulas mamarias, ovarios, riñones. Aparato respiratorio y digestivo Páncreas e hígado.
Es de color naranja.
Influye sobre Leo.
ESMERALDA
Aumenta la sabiduría y proyecta el amor. Honestidad.
Trabaja sobre el corazón, sistema inmunológico, los ganglios linfáticos, huesos y dientes.
Es de color verde oscuro - verde claro - verde amarillento
Influye sobre Tauro, Virgo.
GRANATE
Purifica los pensamientos. Despierta amor y compasión
Trabaja sobre la memoria, la sangre, y la columna vertebral
Es de color rojo - rojo violáceo
Influye sobre Acuario, Escorpio, Tauro, Sagitario, Géminis.
TURMALINA
Elimina las toxinas mentales y emocionales
Trabaja sobre el sistema nervioso, tracto intestinal, órganos genitales, ganglios linfáticos
Es de color negro, verde, rosa, azul, amarillo
Influye sobre Géminis - Capricornio - Sagitario - Escorpio
MALAQUITA
Refleja y es reflejo de lo que está en el interior. Paciencia.
Trabaja sobre el páncreas y la vesícula. Ordenador menstrual, antiespasmódico. fortifica los dientes.
Es de color verde
Influye sobre Virgo - Aries - Capricornio -
OBSIDIANA
Manifestación de las cualidades espirituales
Trabaja sobre la cervical; artrosis de columna cervical
Es de color negro
Influye sobre Virgo - Aries - Capricornio
ONIX
Absorción y transformación de las vibraciones
Trabaja sobre los dientes y huesos
influye sobre Capricornio.
TOPAZIO
Alegría , amor, optimismo
Trabaja sobre el aparato digestivo, respiratorio, estómago, páncreas, hígado. Equilibrio hormonal.
Es incolora - naranja - dorada - amarilla - roja - marrón - azul clara - rosada - verde pálido
Influye sobre Leo - Géminis -
RODONITA
Ayuda a la fluidez del diálogo
Trabaja sobre el corazón, ganglios linfáticos. Regulador neuro-vegetativo
Es de color rosa con blanco
OJO DE GATO
Ver y aceptar la diversidad en la totalidad. Concentración
Trabaja sobre el bulbo raquídeo. Alivia dolor de cabeza
Es de color marrón - marrón negro
Influye sobre Virgo - Géminis - Tauro
JASPE
Equilibra la energía corporal. Ayuda a la insuficiencia biliar.
Trabaja en la tonificación de muscular
Es de color marrón rojizo
Influye sobre Tauro, Aries.
HEMATITA
Aumenta el flujo de la meditación
Trabaja sobre todo tipo de anemias
Es de color negro
SODALITA
Conexión con lo astral
Trabaja sobre el cerebro, oído, ojos, nariz y sistema nervioso.
Es de color azul con pintitas blancas
Influye sobre Sagitario.
CUARZO CRISTAL
Amplifica las ideas y sentimientos, ayuda a la retención de información
Trabaja sobre la garganta, oídos, cerebro, sist. nervioso.
Es de color transparente
Influye sobre Virgo - Acuario
CUARZO ROSA O VERDE
Realización de los propios deseos, paz interior
Trabaja sobre el corazón, sist. inmunológico, glándulas linfática y timo
Es de color rosa o verde
Influye sobre Libra, Tauro, Cáncer -
CUARZO AHUMADO
Purifica las formas de pensamiento que carecen de lucidez
Trabaja sobre la sangre, columna, sistema nervioso, órganos genitales y ano
Es de color pardo ahumado
Influye sobre Escorpio - Sagitario -
CUARZO LECHOSO
Ayuda a la unión de lo visible con lo invisible
Es de color lechoso - rosado - amarillo ahumado
CUARZO NARANJA
Canaliza la agresividad
Trabaja sobre la piel, glándulas mamarias, ovarios., sist. inmunológico
Es de color naranja
Influye sobre Escorpio - Tauro - Sagitario.
RUBI
Alivia el miedo y la ansiedad. Voluntad de vivir
Trabaja sobre la sangre, la columna vertebral, sistema nervioso, órganos sexuales
Es de color rojo
Influye sobre Aries y Tauro
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